jueves, 19 de abril de 2012

De la gramatología, de Jacques Derrida

En la filosofía del siglo XX cobró prominencia aquello que vino a llamarse el ‘giro lingüístico’. Muchos filósofos, especialmente aquellos de habla inglesa, decidieron suspender sus discusiones sobre los temas tradicionales de la filosofía, y prefirieron concentrarse en el lenguaje. Pues, según se alegaba, antes de entrar a discutir temas filosóficos, es necesario aclarar los conceptos, en vista de que muchas discusiones filosóficas reposan sobre confusiones lingüísticas.
Así, a partir de este giro lingüístico, los filósofos dieron gran valor a la claridad y la precisión en el lenguaje. Y, según argumentaban, un lenguaje claro y preciso será precisamente conducirá al refinamiento de la razón. Pero, lamentablemente, a partir de mediados del siglo XX, aparecieron los filósofos postmodernistas, y se opusieron al predominio de la razón, tal como había sido defendido por los ilustrados del siglo XVIII.
Quien se opone al predominio de la razón, obviamente empezará por oponerse a la claridad del lenguaje. Y, ése es precisamente un punto de partida para muchos postmodernistas. Los ilustrados y sus herederos intelectuales han confiado en la capacidad del lenguaje para reflejar el mundo, como plataforma para promover el predominio de la racionalidad. Los postmodernistas, por su parte, han preferido sostener que el lenguaje nunca podrá reflejar el mundo, y muchos deliberadamente buscan confundir para ratificar su postura frente a las pretensiones del lenguaje como representación clara del mundo.
Jacques Derrida encabezó el ataque postmodernista en contra de la claridad del lenguaje. De la gramatología, publicada en 1967, es su obra más importante. Ahí, en un estilo opaco y casi ininteligible, intentó analizar las posturas en torno al lenguaje, procedentes de autores tan variados como Rousseau, Levi Strauss y Saussaure, entre otros.
El punto central de De la gramatología es un ataque en contra de lo que Derrida denomina ‘logocentrismo’. La palabra ‘logos’, en griego, significa ‘palabra’, pero también ‘razón’. Obviamente, los griegos entendieron que el lenguaje y le pensamiento van de la mano. Derrida considera que, en la civilización occidental, se ha privilegiado lo racional por encima de lo irracional, y esto, a su juicio, constituye una forma de violencia.
Al conceder privilegio al logos, opina Derrida, la civilización occidental ha asumido que el lenguaje tiene la capacidad de reflejar el mundo nítidamente, pero según él, esto dista de ser evidente. La razón y el lenguaje operan con base en oposiciones binarias. Por ejemplo, cuando hablamos de alguien, asumimos que, o está vivo, o está muerto. Pero, Derrida sostiene que podemos ubicar conceptos que desafían el orden de estas oposiciones binarias; en nuestro caso, por ejemplo, alguien podría no estar ni vivo ni muerto, sino ser un zombi.
Derrida llama ‘indecidibles’ a los elementos que no encajan en nuestras categorías de pensamiento. Y, según su propio testimonio, su principal objetivo en la filosofía ha sido buscar indecidibles, de manera tal que coloquen en jaque las bases que reposan sobre las oposiciones binarias. La racionalidad es un intento por ordenar el mundo en categorías. Derrida considera que aquello que él llama ‘logocentrismo’ ha consistido en dividir al mundo en pares binarios (tal como hace la lógica), y privilegiar a un elemento por encima del otro (hombre vs. mujer, occidental vs. oriental, colonizador vs. colonizado, etc.). Derrida intenta subvertir el orden logocéntrico, buscando elementos que no encajen nítidamente en sus categorías.
En realidad, lo que Derrida intenta hacer con un lenguaje evocador de bombos y platillos, ya ha sido adelantado por varios lógicos, en un lenguaje mucho más claro. Uno de los tres principios fundamentales de la lógica es el del ‘medio excluido’ (los otros dos principios son el de identidad y el de no contradicción). Según este principio, si una proposición no es verdadera, entonces su negación sí debe serlo, y viceversa. Como corolario de esto, el principio de bivalencia sostiene que una proposición, o es verdadera, o es falsa. No es admisible una tercera opción. Algunos lógicos han considerado que podemos prescindir de estos principios si permitimos una ‘lógica difusa’ que permite diversos grados de verdad. Bajo esta lógica, una proposición podría no ser verdadera, pero tampoco falsa, sino medianamente verdadera, y en términos matemáticos, podría asignársele un valor de verdad de 0,5 (0 sería ‘falso’ y 1 sería ‘verdadero’).
Esto no es trivial, pero el aporte de Derrida sí lo es. Pues, además del hecho de que ya muchos lógicos han discutido los méritos y desméritos de la lógica bivalente, es innecesario el lenguaje tan confuso en que Derrida intenta expresar este punto. Derrida hace un alboroto de algo que ya los promotores de la lógica difusa venían manejando.
Ahora bien, Derrida parte de una crítica plausible a la lógica tradicional, pero la extiende a campos en los que claramente es ilícito hacerlo. Derrida sostiene que, cuando el ‘logocentrismo’ opera con base en pares binarios, ejerce una forma de violencia al excluir a los elementos que no encajan en esos pares. Esto ya empieza a sonar como un disparate. Cuando hablamos de ‘violencia’, el común de las personas piensa en asesinatos, violaciones y guerras, no en procedimientos de la lógica. Quizás el principio del tercero excluido sea erróneo, pero sostener que el uso de este principio es ‘violento’, es ir demasiado lejos.
Derrida ha llegado a sostener que el tipo de exclusión que se emplea en las oposiciones binarias es el mismo tipo de exclusión en contra de mujeres, negros, homosexuales, y demás grupos socialmente marginados. Esto ya es un disparate en pleno sentido. La exclusión en lógica es muy distinta a la exclusión política, y el alegre salto de una esfera a otra no parece ser lícito.
Al atacar a los principios de la lógica tradicional, Derrida también pretende atacar la búsqueda de la verdad en sí misma. De hecho, Derrida considera que cualquier presunción de que existe una verdad contrapuesta a la falsedad es en sí misma logocéntrica, y de nuevo, opera con base en la oposición binaria verdad-falsedad. Así, la búsqueda de la verdad es igualmente excluyente y tiránica, y en función de eso, es más conveniente abandonar la pretensión de encontrar la verdad. Esto ha servido de fundamento para que hoy en día esté muy en boga la idea según la cual la verdad no existe en un sentido universal, sino que la distinción entre lo verdadero y lo falso en relativa a cada contexto. Así, posturas como las de Derrida ya no son disparatas, sino que también empiezan a aparecer nihilistas. Si no existe la verdad, ¿qué queda entonces?
Derrida es al menos consecuente (y para ello, parece haber empleado los principios deductivos de la lógica, una obvia concesión al ‘logocentrismo’ que él mismo critica) en entender que, para atacar el ‘logocentrismo’, debe atacar el corazón de la racionalidad: el lenguaje. Hay una tradición filosófica estimable que ha intentado colocar límites a las pretensiones y alcances del lenguaje. Quizás de forma ingenua, algunos filósofos han confiado en que el lenguaje es una representación clara de la realidad, o que en todo caso, es posible formular un lenguaje que represente el mundo de una manera fiel y nítida. Por ello, ha sido estimable la labor de algunos filósofos para señalar algunas de las limitaciones del lenguaje.
Pero, el intento de Derrida ya va demasiado lejos, y raya en lo disparatado. Para empezar, Derrida sostendría que la distinción entre sentido y sinsentido es una instancia de las oposiciones binarias que él denuncia y, por extensión, una forma de violencia. Así, quien enuncia frases sin sentido estaría revirtiendo el orden tiránico del logocentrismo occidental que se empeña en imponer dicotomías, y en cierto modo, esto tendría un halo heroico. El decir disparates sería una manera de oponerse al logos.
Incluso, Derrida llega a sostener en otros rincones de su obra que el logos está asociado al falo, y que por ende, la civilización occidental no sólo se ha caracterizado por ser logocéntrica, sino también ‘falogocéntrica’. El énfasis en la racionalidad, sugiere Derrida, ha propiciado el dominio de los hombres por encima de las mujeres. Según parece, la manera de liberarse del yugo opresor del patriarcado es ir a una plaza pública y empezar a pronunciar todo tipo de disparates ininteligibles o irracionales. Pues, en la medida en que nos rebelamos en contra de la racionalidad (el logos), nos estamos rebelando en contra de la primacía del falo. Resulta extremadamente difícil creer que un supuesto filósofo tan renombrado como Derrida defienda cosas tan absurdas, pero ruego al lector que tome mi palabra al respecto, o mejor aún, que lo verifique por cuenta propia.
Derrida también denuncia insistentemente que, en la historia de Occidente, se ha impuesto la división dicotómica entre habla y escritura, y que abrumadoramente se ha privilegiado a la primera. Derrida está en lo cierto cuando sostiene que Sócrates desconfiaba de la escritura, por temor a que las personas olvidasen sus ideas, y porque el texto escrito no tiene la capacidad de ser interpelado en una discusión.
Pero, el alegato de Derrida es sumamente exagerado e históricamente incorrecto. Muchos filósofos han visto en la escritura una oportunidad para evitar las imperfecciones del lenguaje hablado (yo, por ejemplo, cometo muchos errores al hablar en la radio), y para emplear un sistema simbólico que permite representar la realidad de forma mucho más rigurosa. Incluso, muchos antropólogos reportan que, en las culturas orales (es decir, aquellas que no conocen la escritura), cuando se introduce la escritura por primera vez, éstas quedan fascinadas con los textos escritos, y desean aprender a leer y escribir rápidamente. De manera tal que es sencillamente falso que el lenguaje hablado siempre ha sido privilegiado por encima del lenguaje escrito.
En todo caso, Derrida sostiene que el motivo principal por el cual se ha privilegiado a la voz por encima de la escritura es porque la primera está más cerca del pensamiento, y por ende, se cree que su función de representación es más confiable. La palabra hablada es una representación del pensamiento. La palabra escrita es una representación de la palabra hablada (o, al menos, en los sistemas fonéticos de escritura), y por ende, es una representación de una representación. Derrida considera que el ‘logocentrismo’ desdeña a la escritura porque ésta se aleja del pensamiento original, y lo desvirtúa. Así, según Derrida, el desdén por la escritura se debe, fundamentalmente, al hecho de que, con el alejamiento del concepto original en la mente, se pierda el significado de la representación. Desde la perspectiva logocéntrica, denuncia Derrida, el habla conserva más el significado que la escritura.
Pero, Derrida estima que, en realidad, ningún lenguaje, sea escrito o hablado, puede hacer una nítida representación del mundo, y asegurar un sentido. Para sostener esta opinión, Derrida se ampara en la célebre teoría lingüística defendida por Ferdinand de Saussure. Según esta teoría, el significado de una palabra está en relación con el resto de las palabras en la cual se inscribe. Por ejemplo, la palabra “burro” no tiene una relación intrínseca con la bestia de carga; antes bien, la conexión entre la palabra “burro” y el concepto del burro, viene de la forma en que esa palabra se inscribe en un sistema conformado por otras palabras. En este libro, escrito en castellano, “burro” significa una bestia de carga; pero en un libro escrito en italiano, “burro” significará un producto derivado de la leche (la mantequilla). Así, el significado de “burro” dependerá de cómo se relaciona esa palabra con las otras palabras.
Pues bien, si esto es así, entonces el significado de una palabra está en otras palabras. Pero, Derrida sostiene que esto conduce a una cadena sin fin. Pues, el significado de esas otras palabras, a la vez está en otras palabras, y así sucesivamente. Derrida compara esto con la definición de una palabra en un diccionario. Para definir una palabra, se emplean otras palabras. Pero, al buscar esas otras palabras (las que conforman la palabra inicial) en el mismo diccionario, éste nos remitirá a otras palabras. Al final, nunca encontraremos una palabra que tenga sentido por sí misma, siempre nos remitirá a otras.
Para expresar estos conceptos, Derrida inventó el concepto de la ‘differance’. En francés, la palabra ‘diferencia’ se escribe ‘difference’. Pero, Derrida sustituye la ‘e’ por la ‘a’, para expresar un nuevo concepto. Derrida quiere jugar con el doble significado del verbo ‘diferir’: diferenciarse, pero también, suspender. Así, cuando una palabra encuentra significado en la diferencia con otros, Derrida sostiene que ‘difiere’ en doble sentido: se pretende alcanzar su significado diferenciándose de las otras, pero a la vez, se suspende el significado. Pues, si el significado de una palabra está en otra, y ésta a su vez en otra, habrá una cadena al infinito, y nunca habrá significado fuera de las palabras. Derrida inventa otro nombre para referirse a esto: la ‘archi-escritura’; una palabra nunca es autónoma, siempre depende de otra. Derrida inventa aún otro concepto en alusión a todo esto: la ‘huella’. Él postula que las palabras llevan la ‘huella’ de otras palabras.
Así, Derrida considera que no existe un sentido propio en el lenguaje. Así como el logocentrismo sostiene que la escritura es imperfecta, porque es la representación de una representación, Derrida sostiene que ningún lenguaje puede pretender encontrar un sentido sólido, porque el sentido se deriva de la relación entre las palabras, y en tanto las palabras adquieren sentido a partir de su relación con otras palabras, nunca habrá una base sólida para dotar de sentido al lenguaje. Una conocida frase de Derrida trata de recapitular esta argumentación: “no hay nada fuera del texto”. Con esto, según parece, Derrida quiere decir que el lenguaje no apunta a un concepto real; antes bien, el sentido del lenguaje es meramente arbitrario, pues el significado de las palabras depende de otras palabras.
Por extensión, la argumentación de Derrida parece llevar a la conclusión de que es estéril distinguir entre frases con significado y frases sin significado, pues el significado no existe en pleno sentido. El significado es apenas una relación que surge en el mismo texto, pero que no apunta a algo fuera de él, y de esa manera, no es posible hacer una separación dicotómica entre una frase como “Simón Bolívar murió en Santa Marta en 1830”, de una frase como “la identidad sexual constituye la futilidad de la verdad”. Si bien, desde la perspectiva logocéntrica, la primera parece tener sentido y la segunda no, el sentido de cada frase procede de la manera en que cada palabra se relaciona con las demás, y de esa manera, ninguna de las dos tiene sentido fuera de su propio sistema.
Estos argumentos marean. En un inicio, pareciera que Derrida parte de algo obvio (la arbitrariedad de los signos); pero después, nos conduce a la conclusión de que no hay algo que podamos llamar “significado” y que, por ende, la distinción entre enunciados inteligibles y enunciados ininteligibles es ilusa. Vale considerar las implicaciones de todo esto. Si Derrida está en lo cierto (y, para empezar, Derrida se opondría a la idea de que él, o quien sea, pueda estar en lo cierto, pues lo “cierto” no existe), entonces todo vale, y a la vez, todo enunciado carece de significado y correspondencia con la realidad (de nuevo, la realidad no existiría propiamente). Daría lo mismo intentar curar el cáncer con quimioterapia (vale agregar, Derrida murió de cáncer y se sometió a la medicina científica) que intentar curarlo con exorcismos; después de todo, fuera del discurso del médico o del exorcista no hay un significado, una base sólida en la realidad a la cual apunten sus palabras. Pero, el asunto va más allá: daría lo mismo convenir que el racismo debe erradicarse, que convenir que los negros son unos estúpidos malolientes; después de todo, ni el discurso racista ni el discurso anti-racista apuntan a algo real fuera de su propio sistema de signos.
Acá vendría bien un poco de sentido común. Podemos convenir que el significado de “burro” dependerá de la relación que esta palabra tenga con otras (sean en italiano o en castellano), pero ello no debería conducirnos a pensar que no existe propiamente una base sólida para el significado. Independientemente de que lo queramos llamar “burro”, “donkey”, o “âne”, podemos confiar en que el concepto de una bestia de carga parecida al caballo existe, y no meramente como un constructo de la relación entre palabras.
Hay, además, una gran paradoja en todo esto: si, como Derrida sostiene, no hay nada fuera del texto, entonces ello implica que no hay nada fuera de su texto, y por ende, no hay motivo para tomarse en serio lo que él dice. La paradoja procede del hecho de que Derrida inevitablemente debe emplear el lenguaje para hacer una crítica al lenguaje. Pero, si el lenguaje tiene todas las limitaciones que Derrida señala, ¿cómo podemos confiar en lo que él mismo expresa a través del lenguaje?
Derrida es un filósofo que empieza por decir cosas plausibles e incluso interesantes (por ejemplo, los límites de la lógica bivalente, o la arbitrariedad de los signos), pero termina por decir cosas escandalosamente absurdas (por ejemplo, que el logos es complemento del falo), que conducen al más peligroso oscurantismo. Incluso, podemos asumir cierto pragmatismo en todo esto: hasta ahora, la claridad en el lenguaje nos ha dado resultados sumamente beneficiosos, que han conducido a la felicidad humana; el lenguaje oscurantista puede conducirnos a la falta de entendimiento entre los seres humanos, la cual a la larga, haría derrumbar todo el edificio de nuestra civilización. La Biblia dice muchas tonterías, pero al menos tiene una enseñanza muy loable en la historia de la Torre de Babel: cuando los seres humanos empiezan a hablar sin entenderse entre sí, los edificios (y, metafóricamente, los grandes logros civilizaciones) colapsan. Por ello, entre más claros hablemos, mejor.

37 comentarios:

  1. Sobre el asunto de la Torre de Babel, ¿No será esa una manera de justificar la existencia de distintas lenguas, en lugar de que exista una única lengua; la del "Maestro"?.
    Por lo demás un excelente trabajo sobre Derrida, el que acabo de leer.

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    1. Sí, también podría interpretarse así.

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    2. ¿Excelente trabajo? ¡Por favor, si no da ni una a derechas! Claro, que también sería casualidad que acertase no habiendo leído nada. Un ejemplo (pero el texto está plagado de ellos): la palabra "falo" ni siquiera aparece en "De la gramatología". Saludos.

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  2. Este texto esta escrito con muy mala leche.Quiero ser claro en lo qu sigue:detesto a Derrida.Me cae muy mal,pero la mayoria de las criticas hechas aqui estan hechas con poco rigor respecto de lo que el francesito pretende decir.Yo mismo creo que Derrida dice muchas estupideces,desde ya,pero no es tan bobo como lo pinta este retrato

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    1. Tu comentario es escandalosamente superficial. Te limitas a dar una opinión simplona, sin precisar en qué te opones.

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    2. Perdona, pero es tu texto el escandalosamente superficial. Más aún, ni siquiera toca la superficie. Y eres tú el que debería argumentar más allá de la mera opinión recibida sin fundamento alguno en los textos. El que quiera sostener, por ejemplo, que Tomás de Aquino era nihilista es el que debe aportar las pruebas y no al contrario. Porque afirmar es gratis pero el rigor requiere sus peajes.

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    3. Creo que ya lo he hecho en el texto.

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    1. No sé, aquí me dice "Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog".

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  4. ¿Me eliminas el comentario? Eres un miserable. Uno puede estár legítimamente en desacuerdo con Derrida, pero no MENTIR, INVENTAR y FALSEAR como tú lo haces ¿Cómo puedes acusar a Ignacio Pereyra de superficial cuando tú ni siquiera has abierto la tapa del libro que quieres lanzar a la hoguera? Si tuvieses un poco de dignidad intelectual no borrarías mi comentario sino, después de pedir disculpas, toda esta entrada del blog. Acusas a Derrida de irracional cuando tú no atinas a expresar más que prejucios recibidos de gente que tampoco lo ha leído. Te reto: aporta (si puedes) una sola cita textual que apoye una sola de las tergiversaciones que afirmas. ¿Por qué no escribes sobre lo que conoces? Me pregunto qué ganas poniéndote en evidencia ante los que sí hemos leído la obra de Derrida. No sé si eres profesor, pero siempre se pilla al alumno tramposo. Anda, borra la entrada si no quieres convertirte en el paradigma de intelectual que escribe de oídas. Saludos.

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    1. No se a que texto borrado te refieres. No tengo que pedir disculpas, como tampoco tienen que hacerlo los criticos de Derrida. Para eso esta la discusion.

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  5. Vamos a ver, Gabriel. Lo que tú has hecho no es una crítica, es una invención. Es muy plausible oponerse a un autor, y de hecho es lo más normal del mundo. Lo que no se puede hacer es oponerse a un autor poniendo en su boca absurdos que nunca dijo y entonces atizarle porque el tipo dice absurdos. Porque muy bien yo podría decir que Obama defiende la pederastia y a continuación despotricar de él, pero contraviene la más mínima ética de la discusión. Ésta exige, al menos, haber leído lo que se critica y no falsear al "adversario". Porque una cosa es interpretar mal (y, como dices, para eso está la discusión) y otra dibujar un monigote facilón al que poder pegar duro, pero que no tiene nada que ver con las tesis defendidas por el autor criticado. Y sí, si tienes un mínimo pundonor profesional e intelectual, deberías pedir disculpas por haber escrito algo haciéndonos creer que realmente has trabajado el texto del que hablas. A ti te parecerá un gesto inocente, pero cualquiera que te lea se llevará una idea completamente equivocada de Derrida y luego me tocará a mí corregir el entuerto. Te permites el lujo de tirar a la hoguera un libro que ni siquiera has tenido la decencia de leer. Porque, hombre, eso se nota a la legua. No te preocupes tampoco excesivamente, eso lo ha hecho gente tan ilustre, tan "ética del discurso" y tan sedicentemente ilustrado como Habermas. Pero si quieres hacer carrera en esto de la intelectualidad, no estaría bien que te ganases la fama de escribir artículos sin acudir a las fuentes primarias. Por ejemplo, allí donde Derrida afirma que la deconstrucción es un "racionalismo incondicional" que no renuncia nunca a suspender de una forma argumentada, discutida, racional, todas las condiciones, las hipótesis, las convenciones y las presuposiciones. No hay base textual alguna para sostener lo que tú sostienes. Lo que pasa (esto ocurre a menudo) es que tú has leído algo SOBRE Derrida de alguien que tampoco lo ha leído y que en un ejercidio de simplificación argumentativa irresponsable, le parece que los Rortys, Vattimos, Baudrillards, etc. son de la misma camada. Pero no lo son en absoluto. Derrida es no postmoderno, ni antiilustrado, ni irracionalista, ni nihilista, ni nada que se le parezca. Otra cosa es que otros quieran imponer SU modo de entender la Ilustración. Pero hasta Habermas en los últimos años tuvo que reconocer el error que cometió allá por los 80 con aquél olvidable texto sobre Derrida. En resumen, mi consejo: borra esta sarta de barbaridades que has escrito, lee a Derrida con fruición y escribe algo, a favor o en contra, con un mínimo de rigor. Saludos.

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    2. Tus comentarios son logocentristas. Como buen derrideano, sos partidario de parate en una situacion sin observar el paralaje de tus comentarios?

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  6. Bien, como veo que este despropósito de texto sigue aquí me veo en la obligación moral de corregir el mal. No me queda más remedio que ensayar una respuesta para que la gente que entre aquí tenga algo con lo que comparar. Paradójicamente, tu entrada es un ejemplo típico de posmodernismo y del principio del “todo vale” para hacer un artículo. Si, como dices, decir disparates es oponerse al logos, tu texto es un ejercicio de irracionalidad muy logrado.

    La breve “historia de filosofía” con la que comienzas es ya de por sí tendenciosa. Muestra claramente una preferencia por la filosofía anglosajona (como si fuese el paradigma de la filosofía) condenando a los confusos filósofos “continentales” que seguían enredados en los viejos problemas. No mencionas, sin embargo, que esa ambición de “claridad” conceptual de la vieja filosofía analítica fue un completo fracaso puesto en evidencia por filósofos pertenecientes a esa misma tradición “analítica”.

    Para defender que “el lenguaje nunca podrá reflejar el mundo” no hace falta ser postmodernista. Simplemente basta con pensar que el lenguaje no es un instrumento del pensamiento, sino su órgano. Autores así los podemos encontrar contemporáneos de Kant (las famosas tres H: Hammann, Herder y Humboldt). Como de tapadillo nos quieres colar que el realismo ingenuo es la única tesis ontológica plausible pero eso es algo que deberías previamente demostrar, no dar por hecho.

    Jacques Derrida no encabezó nada, desde luego, ningún “ataque postmoderno” (Derrida no es un postmoderno) y menos contra la claridad del lenguaje. Lo del estilo “opaco y casi ininteligible” es una OPINIÓN tuya. Tú debes ser asiduo a los libritos esos de “Aristóteles en 45 minutos”, pero si la filosofía fuese tan simple y tan evidente no andaríamos SIGLOS debatiendo sobre los grandes textos. ¿Que Derrida es difícil? Sí, y Aristóteles, Kant, Hegel… Sólo desde el prejuicio de que el mundo es simple (o descomponible en ideas simples) se puede ver con malos ojos la complejidad. Pero oye, con esfuerzo y horas de lectura, hay gente que entiende a Derrida, palabrita del niño Jesús.

    “De la gramatología” (que sea su libro más importante es tu opinión sin más justificación) NO es un intento de analizar las posturas en torno al lenguaje. Es el intento de elaborar una matriz teórica mediante el recurso y crítica a ciertos autores por entonces “fetiche” por aquello del estructuralismo y que ahora nos suenan tan “demodé”. Que el “punto central” (pero ¿hay punto central en las obras de Derrida?) sea la crítica al “logocentrismo” es una opinión tuya. Podría también decirse que es una crítica a la metafísica de la presencia, o al arqueo-teleologismo, o al fonocentrismo, o que es la elaboración de una nueva noción de escritura… “De la gramatología” como todos los grandes textos da para mucho y no puede ser reducida a una tesis.

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    1. Y entonces llega el primer gran absurdo: “Derrida considera que, en la civilización occidental, se ha primado lo racional por encima de lo irracional”. ¿Dónde está la cita, la prueba documental que apoya esta afirmación arbitraria? ¿Cómo se explica entonces que Derrida afirme, ya de entrada en la página 8, que “la práctica de la ciencia, de hecho, nunca dejó de impugnar el imperialismo del logos” por su uso de la escritura no fonética, esto es, la notación matemática? ¿No será que no te has tomado la más mínima molestia en averiguar lo que Derrida define como “logocentrismo” y te has inventado lo que te ha dado la gana? Dices: “aquello que él llama ‘logocentrismo’ ha consistido en dividir al mundo en pares binarios”. Venga hombre, no te has leído ni una página. Lo que Derrida llama “logocentrismo” tiene que ver con lo que Heidegger llama “onto-teología”, o con la “metafísica de la presencia”, con la mitología del “origen” pleno y puro, etc. La existencia de pares binarios y la consiguiente jerarquía a la que son sometidos es un corolario de esta metafísica logocéntrica, que hace del logos presente un VALOR (esto es, que mezcla lógica y ética). Es el VALOR de centro presente lo que se deconstruye en el “logoCENTRISMO”; del logos, de la razón, es IMPOSIBLE salir. Derrida contestaba así a Foucault: “contra ella [la Razón] sólo se puede apelar a ella,… sólo se puede protestar contra ella en ella,… sólo nos deja, en su propio terreno, el recurso a la estratagema y a la estrategia”. De lo que se trata es de liberar al logos del sistema en el que se haya sometido. No lo Otro de la Razón, sino lo Otro EN la Razón.

      Lo de la lógica difusa no tiene ni pies ni cabeza. Podrías al menos haberte referido a la “incompletitud” de Gödel (que Derrida usa a modo de analogía) pero hasta esto parece haberte dado fatiga. La “indecidibilidad” no consiste en que algo sea “medio verdadero” (0’5), sino en que hay proposiciones que, respecto a un sistema axiomático no son ni verdaderas ni falsas (o son verdaderas y falsas). Derrida nunca ha renegado de la lógica más clásica y eso de que haya “medias verdades” es mucho más postmoderno de lo que Derrida lo será jamás. Cita de “Limited Inc”: “Es imposible o ilegítimo formar un CONCEPTO FILOSÓFICO fuera de esta lógica de todo o nada”. Supongo que para ti Austin debe ser el colmo del postmodernismo al llamar “fetiches” a las oposiciones “verdadero/falso” y “hecho/valor”.

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    2. De nuevo, muchos juicios de valor sin aportar argumentación alguna (¿y cómo lo harías si ni lo has leído?): el aporte de Derrida es trivial, lenguaje confuso, monta alboroto… Pero lo mejor llega cuando acusas a Derrida de no usar “violencia” en el sentido en el que “el común de las personas piensa”. ¡Hasta ahí podríamos llegar! ¿Desde cuando una disciplina académica debe plegarse al lenguaje de la calle? Oiga, si usted no entiende, ¡estudie como yo! Pero es que, doble falta, tú te arrogas el derecho de decir lo que “la gente común” entiende por violencia. ¿Realmente sólo existe la violencia física o cuando la gente protesta en España al grito de “Violencia es cobrar 600€” usa la palabra en otro sentido? Pero encima, triple falta, Derrida apenas usa la palabra violencia y cuando la usa (como en el capítulo de “La violencia de la letra: de Levi-Strauss a Rousseau”) es para constatar que no existe un mundo ajeno a la violencia al que le sobrevendría la “violencia de la escritura”, sino que siempre estamos en una “economía de la violencia”. Derrida, cuando habla del sometimiento de una instancia a otra habla de “jerarquía”, y eso no es excesivo en absoluto. Derrida aporta abundantes pruebas textuales de ello y tú mismo, si leyeses algo de historia de la filosofía, podrías comprobarlo. Desde luego, ninguna jerarquía funciona del mismo modo. Si algo ha repetido Derrida hasta la saciedad es que todo depende del funcionamiento en contexto, así como que cada “texto” (y la realidad también funciona como tal) es HETEROGÉNEO. ¿Cómo va a sostener que la exclusión de la escritura, por ejemplo, es del mismo tipo que el de la mujer? Eres tú el que afirma eso sin prueba. Afirmas: “Derrida ha llegado a sostener que el tipo de exclusión que se emplea en las oposiciones binarias ES EL MISMO TIPO [subrayo yo] de exclusión en contra de mujeres, negros, homosexuales, y demás grupos socialmente marginados”. ¿Dónde ha sostenido eso? Da referencias textuales que apoyen esas palabras o no MIENTAS.

      El siguiente párrafo es el colmo de la invención: “Derrida también pretende atacar la búsqueda de la verdad en sí misma. De hecho, Derrida considera que cualquier presunción de que existe una verdad contrapuesta a la falsedad es en sí misma logocéntrica”. Eso es FALSO, por contraposición a VERDADERO y no vas a encontrar texto que apoye semejante invención por tu parte. Otra cosa es que se considere que verdadero y falso son los valores supremos del lenguaje cuya única función es describir el mundo (prejuicio logicista que se debería demostrar y que ha sido ampliamente discutido por TODA la filosofía del siglo XX). Pero entonces la pragmática del lenguaje, donde se estudia no la verdad o falsedad de las proposiciones, sino su capacidad de HACER cosas, su “fuerza” ilocucionaria supongo que te parecerá el colmo del relativismo nihilista. “Yo os declaro marido y mujer” tiene que ser para ti el colmo del sinsentido.

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    3. Que no has entendido nada de Derrida (porque, para empezar ni lo has leído) se demuestra en el absurdo párrafo sobre el sinsentido. “Quien enuncia frases sin sentido estaría revirtiendo el orden tiránico del logocentrismo…El decir disparates sería una manera de oponerse al logos.”. Si esto es así tú debes ser más revolucionario que Castro. Por argumentarlo brevemente: si uno se dedica a decir sinsentidos entonces está dando credibilidad a la oposición sentido-sinsentido. Sólo se puede calificar al sinsentido como tal desde un sistema de sentido. Pero no se trata de ponerse de un lado de la oposición (lo cual sería confirmarla; si hubieses leído a Hegel seguramente te sería más evidente), sino de subvertir el sistema oposicional-jerárquico, de SITUARSE (es más una cuestión de sintaxis que de semántica) en los márgenes, donde la oposición no puede dar cuenta de aquello que quiere dominar.

      Como dije otro día, la palabra “falo” ni aparece en “De la gramatología” (prueba evidente de que no se ha leído). El tema del “falocentrismo” pertenece a una discusión con Lacan en “La tarjeta postal”. Si sabes algo de psicoanálisis sabrás algo de la función del falo en dicha disciplina. Pero tu párrafo no tiene desperdicio: “Según parece, la manera de liberarse del yugo opresor del patriarcado es ir a una plaza pública y empezar a pronunciar todo tipo de disparates ininteligibles o irracionales. Pues, en la medida en que nos rebelamos en contra de la racionalidad (el logos), nos estamos rebelando en contra de la primacía del falo. Resulta extremadamente difícil creer que un supuesto filósofo tan renombrado como Derrida defienda cosas tan absurdas, pero ruego al lector que tome mi palabra al respecto, o mejor aún, que lo verifique por cuenta propia, antes de quemar De la gramatología.”. ¿Pero cómo se puede ser tan CARADURA? Es indignante ¿Qué vale tu palabra si no aportas ni una prueba y, al no haber leído ni una coma, te lo inventas todo? Lo mejor es que si a algún lector le da por “verificar” tus palabras va a descubrir que eres un FRAUDE. ¿Qué ganas mintiendo y echando estiércol sobre la obra de otro? Si resulta tan extremadamente difícil creer que Derrida diga esas cosas es porque, simplemente, NO LAS DICE.

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    4. Que tú te permitas hablar de las incorrecciones de Derrida da un poco de vergüenza ajena, pero en fin. Si hubiese leído “De la gramatología”, habrías visto que Derrida distingue en la historia de la filosofía entre una “buena escritura” y una “mala escritura”. Y él sí aporta pruebas textuales (desde Platón a Heidegger y más allá). Pero como, al no leer “De la gramatología”, no te has enterado de nada, no te percatas de que la escritura de la que habla Derrida es una metonimia para la exterioridad técnica en general.

      Lo que sigue en tu texto, bueno, está mal expresado, simplificado y es muy matizable, pero venga. Para algo que medio va en la dirección adecuada lo dejaremos pasar. Lo que sí es infumable es tu comprensión del término “texto” en Derrida. Joer, y mira que le da vueltas y lo vuelve a explicar. “No hay fuera de texto” significa que no hay “fuera de contexto”, que todo (también la realidad) es un tejido de huellas diferenciales. Pero como he dicho más arriba, un principio fundamental para entender el “texto” en Derrida es que NO ES HOMOGÉNEO. Que el significado esté siempre en posición de significante no implica, en absoluto, la falacia que sostienes: “Derrida quiere decir que el lenguaje no apunta a un concepto real”. Existen las cosas, los conceptos, las palabras: de lo que se trata es de ver si pueden ser finalmente traídos a presencia tal y como piensa la metafísica o funcionan como lo que Derrida llama “huella”. Por poner un ejemplo analógico (pero es sólo un ejemplo, no establezco relaciones): los “juegos del lenguaje” de Wittgenstein están compuestos de cosas (un ladrillo), palabras (“Dame”), gestos (“un dedo índice apuntando ostensivamente”), etc. Otra falacia tuya: como no existe un significado pleno no existe un significado en absoluto. De modo que o conozco todos los significados posibles de una palabra o no conozco ninguno. Joer, creo que hemos vuelto a los sofistas. Por otro lado, que el significado siempre esté en posición de significante quiere decir que SIEMPRE remite a algo distinto que sí mismo: ¿cómo afirmar entonces que “el significado es apenas una relación que surge en el mismo texto, pero que no apunta a algo fuera de él”? Un texto siempre remite a otro texto, pero REMEMBER, la “realidad” también está constituida como un texto (lo cual no quiere decir, claro, que esté hecha de palabras; eso es una bobada). La escritura no es un modo del lenguaje, sino el lenguaje un modo de la escritura (en sentido derridiano, que no es meramente el lenguaje escrito, como cualquier lector de “De la gramatología” podrá comprobar).

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    5. ¿No hay significados? Si con ello quiere decir dados de una vez por todas, plenos, presentes a sí, inmutables, ahistóricos, independientes del contexto, etc., efectivamente no los hay. ¿Pero hay “efectos de significado”? ¡Pues te diré! Ya me contarás si no cómo, más o menos precariamente, nos intentamos entender. Y cuando afirmo que lo que dices es falso lo digo como OPUESTO a verdadero. Porque que un contexto no sea DE DERECHO saturable o determinable, no quiere decir que DE HECHO no esté suficientemente saturado y determinado. Y aquí y ahora las cosas están bastante claras.

      Luego mezclas el “todo vale” feyerabendiano con lo que dice Derrida acerca de las proposiciones con o sin sentido (en realidad Derrida, siguiendo a Husserl, también distingue entre proposiciones contradictorias (widersinning) y proposiciones agramaticales (sinnlos) ). Esa melé que haces demuestra que tú eres el postmoderno que mezclas la velocidad con el tocino (como decimos aquí) sin el más mínimo rubor. Tú eres el que haces gala de un absoluto relativismo, no Derrida, cuando no sigues la más mínima lógica argumentativa. Por su parte, Derrida DEMUESTRA (cierta, verdaderamente) en “Firma, acontecimiento, contexto” cómo incluso un caso de agramaticalidad (sinnlos) puede adquirir sentido. Y como esto ocurre, hay que explicarlo de un modo no empírico, sino DE DERECHO. Yo no voy a repetir aquí la argumentación de un texto que se defiende por sí solo con tal de que se lea.

      Saludos.


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    6. Grande Nyro! jaja. No sé quién serás, pero anda que no me vendría bien que me echaras un cable con la tesis! XD

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    7. Hola Niro, estoy de acuerdo con Pedro, conoces bien a Derrida; me gustaría conocer si tienes algunos escritos sobre él, me cuesta trabajo entender "De la Gramatología" (y a Derrida, en general); tus aclaraciones en este post me han servido de mucho, pero aún no le agarro del todo. Espero al menos poder estar en contacto. Saludos, excelente Nyro!

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  7. 'Nyro', ¿podrías explicar de manera clara y concisa qué quiere decir Derrida -o usted en todo caso- con "arqueo-teleologísmo"?

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  8. Puedo explicarlo sumariamente con mis propias palabras, pero para una demostración rigurosa remito a los textos primarios. Intentaré ser lo más claro y conciso POSIBLE, de modo que tampoco traicione y simplifique excesivamente el asunto a exponer.

    La metafísica de la presencia consiste en la determinación del ser como aquello susceptible de ser traído a presencia, a la cercanía de sí, a la interioridad de sí. Según esto, cualquier signo de exterioridad, ausencia, lejanía, etc. será pensado como aquello que no es o no tiene verdadero ser, como aquello que nos aparta del ser. Identificado el ser con el bien desde el inicio de la filosofía con Platón, la distinción ser/no-ser no es meramente ontológica sino que, en general, también es vista como una distinción moral: el no-ser representa una "decadencia" del ser, una "caída" del ser. Ésta mitología de la caída nos es bien conocida por nuestros orígenes judeocristianos, pero se repite a lo largo de toda la historia de la filosofía: fuimos expulsados del paraíso (el ser) y nuestra tarea es recuperarlo.

    En toda mitología (metafísica) de la caída se supone que en el ORIGEN (arché) se encuentra el ser en toda su plenitud, en su unidad y unicidad (simplicidad), incontaminado, puro, limpio con respecto a todo no ser. Su caída en la exterioridad (en lo que no es él), su mezcla con el no ser, vendría a ser algo sobrevenido a posteriori, accidentalmente, con respecto a la esencia del ser. Esto puede rastrearse desde la Teoría de las Ideas de Platón a la búsqueda de "ideas atómicas" por el positivismo lógico, pasando por ejemplo por el "buen salvaje" de Rousseau (al que la cultura sobrevenida corrompe). Por poner algún ejemplo más corriente en nuestros días: la tecnofobia de CIERTO ecologismo (no todo) que ve en la exterioridad técnica una amenaza SOBREVENIDA la esencia supuestamente inmaculada y pura de la naturaleza. O también esos gurús new-age que ante el supuesto alejamiento de nuestro verdadero ser en la vida moderna predican buscar la pureza del yo en nuestro interior.

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    1. Bien, tras esta escueta puesta en contexto, respondo. ¿Qué sería el arqueologismo? Sería aquella metafísica que postula que en el origen se encuentra el logos, la verdad, el ser y que para conocerlo hay que remontarse a dicho origen. Si nosotros, insertos ya en la caída desde el origen puro y simple, estamos estamos alejados del verdadero ser, presos en el error y en la confusión, lo que debemos hacer es depurar esa exterioridad accidental sobrevenida.

      ¿Qué sería el teleologismo? Éste es solidario con el arqueologismo en el sentido de que comparte la idea misma idea del ser como origen puro. Pero el teleologismo considera que ya no es posible remontarse al origen, que una vez se ha salido del paraíso no es posible la vuelta. Sin embargo, piensa, el verdadero ser nos espera al final de la historia: éste es el logos como parousía. Supongo que está de más señalar la influencia del cristianismo paulino en esta concepción que tiene a su representante más logrado en el logos como Espíritu Absoluto de Hegel. Se viene aquí a pensar que la caída es inevitable y necesaria, pero que la exterioridad puede ser "interiorizada", "sublimada", "superada" (aufheben). Hegel es un pensador del círculo, y como se sabe, el final (telos) de la aventura del Espíritu coincide con el inicio (el ser). Desde luego, esto convendría igual para todo pensamiento utópico que plantee un "final de la historia" (no sé, ahora me viene a la mente Fukuyama, pero hay más).

      ¿Y qué plantea Derrida? Dicho simplemente: que como tal origen es inencontrable, que como no hay un origen pleno, simple e incontaminado, que como la exterioridad encenta a la interioridad (esto es, la constituye TANTO COMO la limita) tampoco es posible una parousía del ser en un supuesto "telos". Y no sólo no es posible, sino que no es deseable, ya que desde que el ser compone en el origen con lo que no es él (el origen es una síntesis irreductible al análisis) cuanto más nos acerquemos al fin (telos), al supuesto verdadero ser, más nos acercaremos al no-ser, esto es, a la destrucción del ser. Vale, vale, esto es complejo. Lo sé porque lo he explicado alguna vez y se me han quedado con cara de pasmado, ja, ja, ja. A ver si con un ejemplo.

      Apel y Habermas, cada uno a su modo, proponen que en las discusiones cotidianas hemos de guiarnos por una ideal "comunidad ilimitada de comunicación". Esto conduciría a hacer cada vez mayor el consenso disminuyendo la gente que queda fuera de él. Pero en el límite (en el telos) eso implica que al final no hay nadie fuera del consenso ¿para qué dialogar entonces si ya estamos todos de acuerdo? Se supone que ese "ideal" de comunicación representa el diálogo en su pureza, en su verdadero ser, sin interferencias externas (presiones por el poder, coacciones, estrategias, etc.) y que ese ideal es algo a lo que debemos tender y que nos debe guiar (teleológicamente). Pero en realidad el advenimiento de ese ideal más que la traída a presencia (parousía) del verdadero diálogo lo que representaría es la muerte del diálogo, la no-comunicación, pues ya no habría nadie fuera del consenso: eliminando la exterioridad se elimina asimismo la interioridad. El diálogo más presente, más pleno, más vivo, sería el diálogo más ausente, más vacío, más muerto.

      Para terminar, una pequeña digresión: esto último es lo que Derrida quiere decir cuando escribe cosas como, por ejemplo, que la vida "es" la muerte y no, como se dice absurdamente por ahí, que seamos zombies. Lo que se afirma es que si en algún momento se llegase a alcanzar la plenitud, la COMPLETA determinación de un concepto esto coincidiría con su destrucción. Por contra, la historicidad se abre por la inadecuación de un concepto a sí mismo, por la imposibilidad de una COMPLETA identidad a sí. Las "crisis" no sobrevienen a un origen pleno, sino que el comienzo es la "crisis" que, como se sabe, es el peligro pero también la oportunidad.

      Saludos

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  9. (Yo) creo que ustedes ambos (dos) son la misma persona... jajajaja... en juego ambivalente perverso y macabro, no de ustedes si(no) del sino del ser. La autocracia o democracia sede a la tecnocracia y cifrocracia.
    Dos cosas, porque ahí está lo uno y lo otro - el 1 y el 0, me han quedado: Lo uno es que el burro no sería un animal de carga; ese es tu pecado y tu contexto, en donde tú pasas de ser burro a cerdo. Lo otro es si Derrida es o no es; es como si Hamlet fuese o será… Bueno, directamente lego a Borges la cuestión protopostmoderna: No sé cuál de los dos escribe esta página…
    Señores dos, el uno y el otro, el cerdo y el filosofo: se dice que en este 01101101 01110101 01101110 01100100 01101111: la cifra es la muerte del lenguaje.

    Saludos cordiales desde la Nave de los Locos, que llegó tarde a la apertura de la Caja de Pandora... :P

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  10. 01010001 01110101 01101001 01100101 01110010 01101111 00100000 01110001 01110101 01100101 00100000 01101101 01100101 00100000 01100011 01110010 01101001 01110100 01101001 01110001 01110101 01100101 01101110 00101100 00100000 01101111 00100000 01110001 01110101 01100101 00100000 01101101 01100101 00100000 01100001 01100100 01110101 01101100 01100101 01101110 00101110 00101110 00101110 00100000 01101101 01100001 01110011 00100000 01110001 01110101 01100101 00100000 01100001 01101100 01100111 01110101 01101001 01100101 01101110 00100000 01101101 01100101 00100000 01101000 01100001 01100010 01101100 01100101 00101110 00101110 00101110 00100000 01101101 01100101 00100000 01100101 01101110 01100011 01110101 01100101 01101110 01110100 01110010 01101111 00100000 01110100 01100001 01101110 00100000 01110011 01101111 01101100 01101111 00101110 00101110 00101110 00101110 00100000 01100011 01101011 01110101 01100001 01100011 01101011 00101110 00101110 00101110

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  11. Discusión muy productiva para los que aún somos legos. Qué surjan más! Vaya que se aprende!

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  12. Muchas Gracias por el gran ejerció de pseudo mayeutica que ha sido está interacción de post y comentarios. Entre buscando algún faro para direccionar la - en principió- difícil lectura de Derrida y creo que a cumplido mis expectativas, sobre todo teniendo en cuenta que uno no lee para terminar de entender sino para disfrutar del estar intentando entender, es decir, desde un principio, si es que lo hay al menos en sentido histórico, el fin no es llegar a algo sino, como se suele decir, el disfrutar del viaje. En ese sentido, claramente (se me ocurre) todo teleologismo denota un antropocentrismo; y plantearse el ser o no ser, ¿como si eso dependiese de uno?, solo sirve - o al menos entre otros, imperativos - para desviarnos, diferirnos en términos derreidianos, de lo que ya la transgresora ética epicueriana decía en cuanto a que a lo que todo tiende es al placer; quizá incluso podría incluso pensarse que - aunque más no sea por el gusto de llevar la contra, de irse al borde y desde ahí a la paradoja - que a contra mano de lo que la metafísica imperante o vencedora indica en cuanto al placer, esté resulte ser lo más cercano que se encuentre a la presencia, al menos en este mundo sub lunar, el cual, bueno es recordarlo, es el único posible y ¿fuera? de él solo tenemos - lo mismo que todo lo que hay dentro - una definición por negación: posibilidad de imposibilidad de posibilidades. No obstante lo anterior, me interesa compartir una subjetiva esperanza, creencia tal vez, en el alcance platonico estaría bien, fe, ya sin eufemismos; de que aún siendo la metafísica digamos, clásica o vencedora la que prepondera o incluso es construida desde esa exterioridad que es el judeo-cristianismo,aún siendo la metafísica toda ese circulo que se cierra sobre si mismo; y siendo la decontruccion y todo lo que - por ponerle un nombre - resulte una filosofía de denuncia o de sospecha (Nietzsche se me viene como arquetipo, pero tantos otros y de tantos ¿sorprendentes? lugares, como aquel pesaje de la poética del estagirita en donde dice que "es verosímil que hayan muchas cosas fuera de la verosimilitud", o Santo Tomas, de quien se cuenta que - a imitación de este blog - quería quemar todo lo escrito al grito de "solo era paja") la, ponele reacción marginal del circulo, que tal vez no por casualidad en español rime con circo, el que se empieza a ver a sí mismo como tal. Dicho esto, mi profesión de fe: creo que también,o más bien, solo el relato, el mito evangélico habilitan una salida a la propia metafísica que desde su exterioridad judeo-cristina lo constituye y delimita. Argumentar esto que no es más que una profesión de fe, y por tanto ya es un contrasentido, es algo que dejo (o me dejo) pendiente.

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  13. Chuuuu, se lo garcharon al amigo y yo que recien comezare a leer el libro, por algo habra que comenzar.

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  14. Hola, Gabriel. ¿Podrías darme algún enlace para bajar De la gramatología en formato epub o mobi? Gracias por motivarme a leer este libro.

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  15. Joe, pues yo, después de haber leído esto, no le pediría consejo a Gabriel, sino a Nyro

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  16. Joe, pues yo, después de haber leído esto, no le pediría consejo a Gabriel, sino a Nyro

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  17. Saludos Nyro,que clase magistral le has dado a esa opinión tan simplona de la obra de Derrida

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  18. A ver cuquis... que el machunismo salga de vuestros cuerpos. Es un blog y requiere el rigor justo, que os poneis de un dramatico.

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